La felicidad de ayudar como motor de cambio
- David Bravo

- 11 may 2020
- 3 Min. de lectura
Situaciones como la que vivimos actualmente despiertan en el ser humano la intención y la motivación de ayudar a quien más lo necesita. Donaciones masivas de alimentos, inversión en el fortalecimiento del sistema de salud, protección y aliento a las personas de este mismo sector, apoyo económico a las empresas con poca liquidez, entre otros. Son cada una de estas acciones solidarias, las que probablemente nos ayudarán a salir pronto de esta crisis o al menos a disminuir sus consecuencias negativas. Ahora bien, ¿se necesitan siempre este tipo de pandemias o situaciones que llevan al extremo la supervivencia y ponen al descubierto la vulnerabilidad humana, para que despierte en nosotros esa intención de ayudar a los demás? Pareciera que sí, o al menos eso evidencian los principales medios de comunicación.
La realidad es que no decidimos ayudar solo cuando se dispara una crisis global, pues vemos a nuestro alrededor cómo se realizan diariamente acciones que priorizan el bien colectivo sobre el individual. ¿Qué sucede entonces al momento de ayudar que nos invita a repetir esta actividad con frecuencia? Gratitud auténtica. Cuando alguien recibe algo que realmente valora y por lo cual no está entregando nada a cambio, esta persona siente verdadera gratitud. Quien decide ayudar y percibe en el otro este sentimiento, confirma un resultado positivo de la acción que acaba de realizar, un resultado que muchas veces se describe como felicidad.
Si actuar en pro de los demás beneficia no solo a quién recibe la ayuda, sino también a quien la proporciona, por qué esperar solo a que fenómenos como esta crisis despierten en nosotros esta motivación, si es posible convertirla en un hábito diario. Pensar en las fortalezas con las que cada uno cuenta, puede abrir una lista de ideas de cómo trabajar por los demás, desde grandes proyectos que atienden una problemática global hasta acciones rutinarias en el hogar que mejoren la convivencia de una familia. Ambas actividades son importantes y por el bien que generan, se espera que motiven a los demás a replicarlas o a realizar acciones similares. El resultado de este proceso replicativo se puede describir como una onda expansiva de impacto social, en la cual una primera persona inspira a dos, cada una de éstas a dos más y así sucesivamente, hasta que toda una comunidad se encuentra trabajando por los demás y, por qué no pensar en grande, el mundo entero incorporando este pensamiento como pilar en su ADN.
Hoy en día, son muchos los ejemplos de cómo agentes de cambio han enfocado sus habilidades en solucionar una problemática social:
• Un ingeniero diseñando ventiladores mecánicos costo-eficientes.
• Un financiero diseñando esquemas de financiamiento para agricultores según el futuro éxito de su cosecha y no en su inexistente historial crediticio.
• Un ingeniero de sistemas digitalizando la educación para atender especialmente las áreas rurales.
• Un arquitecto diseñando soluciones de vivienda sostenibles para comunidades vulnerables.
Vale la pena aprovechar este periodo de aislamiento preventivo y pensar en cómo sacar provecho de nuestro conocimiento para abrir en aquellos más vulnerables, oportunidades que les permitan salir adelante y mejorar su condición actual. Es momento de trabajar por convertir esta práctica en un hábito constante y transmitir a los demás ese sentimiento de felicidad que genera ayudar. Es momento de asumir el rol de agente de cambio en una sociedad que lo demanda cada vez más, e impulsar esa onda expansiva que incremente el impacto social que podemos generar.



Comentarios